Archive for the ‘Metaforas’ Category

La viga de tu ojo

Metáfora mirar la viga en tu ojoUna chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete de galletitas.

Se sentó en una sala del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Asiento de por medio, se ubicó un hombre que abrió una revista y empezó a leer. Entre ellos quedaron las galletitas.

Cuando ella tomó la primera, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada pero no dijo nada. Apenas pensó: ¡Qué descarado! Si yo estuviera más dispuesta, hasta le daría un golpe para que nunca más se olvide de la grosería!”. Sigue leyendo

Quién impide tu crecimiento

Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito:

“AYER FALLECIÓ LA PERSONA QUE IMPEDÍA EL CRECIMIENTO DE USTED EN ESTA EMPRESA, ESTÁ INVITADO AL VELORIO EN LA CANCHA DE FULBITO”.

Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros y la empresa. Sigue leyendo

Los pequeños detalles de la vida

Un día Marcos iba caminando de regreso de la escuela y se dirigía a su casa. Al poco rato de caminar se dio cuenta de que el chico que iba delante de él se había tropezado y habían caído unos libros y una pequeña grabadora que llevaba cargando. Marcos se acercó y lo ayudó a pararse y a recoger las cosas que habían tirado. Como se dirigían por el mismo rumbo, Marcos le ayudó a cargar parte de las cosas. Mientras caminaban, Marcos se enteró que aquél chico se llamaba Antonio y que amaba los juegos de video, el fútbol y contó que había estado viviendo muchos problemas. 

Problemas en la escuela por bajas calificaciones, problemas con sus padres y, para rematar, había terminado con su novia. Primero llegaron a la casa de Antonio y Marcos fue invitado a pasar y tomar un refresco mientras veían la televisión. Pasaron la tarde muy a gusto entre risas y pequeñas conversaciones. 

Después Marcos se fue a su casa. Ellos continuaron viéndose en la escuela, almorzaban juntos dos o tres veces a la semana, y ambos se graduaron de la secundaria. Más adelante coincidieron en el mismo Instituto, para estudiar 2º Bachillerato, en donde seguían teniendo contacto aunque en forma más esporádica. 

Finalmente llegó el momento tan esperado de terminar el 2º BACHILLERATO y tres semanas antes de la selectividad, Antonio le preguntó a Marcos si podían hablar. Antonio le recordó el día en que se conocieron tantos años atrás. Y dijo: ¿Alguna vez te has preguntado por qué iba cargando tantas cosas el día en que nos conocimos? Verás, yo había limpiado mi cajonera porque no quería dejar ninguna tarea para nadie más. Había tomado a escondidas las pastillas para dormir de mi madre e iba camino a casa decidido a quitarme la vida. Pero después de haber pasado la tarde juntos hablando y riéndonos, me di cuenta que si me suicidaba me hubiese perdido esos momentos y de tantos que pudiesen haber seguido. 

Como puedes ver, Marcos, al ayudarme a recoger aquéllos libros, hiciste mucho más, salvaste mi vida.

¿Cultivas los pequeños detalles con tus padres, esposo (a), novio (a), amigos, compañeros de trabajo y aquellas personas que te cuzas en el autobus, en el banco, en el taxi…?

Obstaculos en el camino

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Luego se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda piedra. Algunos simplemente la rodearon. Muchos culparon a la autoridad por no mantener los caminos despejados, pero ninguno de ellos hizo nada para sacar la piedra del camino.

Un vecino del pueblo que vivía en el sitio más descampado, pasaba por allí exhausto con un fardo de leña sobre sus hombros; y la vio. Se detuvo, luego se aproximó a ella, puso su carga en el piso trabajosamente y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y empujar hasta llegar a fatigarse mucho, con gran esfuerzo, lo logró. Mientras recogía su fardo de leña, vio una pequeña bolsita en el suelo, justamente donde antes había estado la roca. La bolsita contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey diciendo que el premio era para la persona que removiera la roca como recompensa por despejar el camino.

El campesino aprendió ese día que cada obstáculo puede estar disfrazando una oportunidad, tanto para ayudar a los demás como para ayudarse asimismo.

¿Cuantas veces te has detenido en el camino a ver las dificultades con otros anteojos?

Si la decisión que quieres tomar te da paz en tu corazón, actúa…lo demás viene por añadidura.

El gavilán

El otro día que deambulaba por un lugar para mi desconocido, pasé por una casa donde en una percha se encontraba un gavilán. Su aspecto general atrajo mi atención, pero más aun la tristeza de sus ojos y su porte alicaído.

Los mismos que contrastaban con los de sus hermanos que he visto en el campo. Como envidiamos algunos terrestres su majestuoso vuelo y en instantes en comunión son el infinito. O cuando otean el horizonte desde la cima de algún árbol, no solo yerguen la cabeza y escudriñan a la distancia, también marcan su territorio. Acaso no lo confirman su contrastante Kiu kiu kiu con algunos ki ki ki de ellos mismos, que indican su presencia sonora. Tal parece que no se conforman con hacer ostentación de su agudeza visual y de su velocidad.

En esos momentos parecieran indicar que lo que para nosotros son kilómetros, para ellos son metros. Por si fuera poco constantemente lo ratifican sus vuelos en picada, seguros y certeros. Que lejos de esto encontré a ese gavilán amarrado a su percha. Además gordo, aunque en un lugar mas o menos limpio. Quizá su dueña pensaba que le daba lo mejor, pero de alguna manera estaba reñido con el ser del gavilán.

Después supe que cuando pequeño fue encontrado cerca de su nido y recogido por unas manos compasivas. Estas inclusive e inicialmente le dejaban volar junto con otros gavilanes amaestrados. Pero algunos intentos de volar mas libremente, hicieron a su dueña desistir de seguir otorgándole esos privilegios. Cuando pequeño era constantemente acariciado, después era recompensado cada vez que regresaba de volar. Ahora estas se redujeron a alguna mirada, cuando limpiaban su jaula y le daban de comer. Pero aún sus furtivos atisbos a la distancia son causa de reclamos gestuales. Sentí que me decía, que antes su garra y pico eran motivo de elogio y ahora eran causa de molestia. Su plumaje antes de colores vivos se había vuelto opaco y él ya no era mostrado con el mismo orgullo a las visitas.

Mi aprendizaje: En ocasiones, como padres cortamos las alas a nuestros hijos cuando los obligamos a estudiar lo que nosotros creemos conveniente para ellos, y ellos en nombre del amor y lealtad familiar aceptan esa petición. ¡Grave error!  Muchas veces  vemos a nuestros hijos decepcionados de su profesión, con poco éxito, aburridos de su trabajo;  y eso sólo por no desarrollar el potencial que Dios nos regalo a cada uno. Sólo seremos óptimos si desarrollamos la actividad que nos gusta y disfrutamos, haciendo con pasión esa labor específica. “Si podemos volar como gavilán porque quedarnos comodos en una jaula como gallina”

Las circunstancias no son más fuertes que nuestra voluntad, cambiemos de actitud, mantengamos nuestra esencia, haciendo pequeñas labores que nos gustan y apasionan, más rápido de lo que creemos llegará la satisfacción y con ella las grandes victorias, observa con ojos de gavilán tus oportuninades y ve tras ella rapidamente.

Los nadadores

Había una vez una pareja que había satisfecho muchas de sus ambiciones. Pero aún tenían pendiente uno de sus mayores sueños: querían nadar hasta el Japón. Pensaron mucho al respecto y por fin, un día iniciaron su aventura. No estaban muy acostumbrados a nadar, así que les resultó una tarea ardua. Pronto se dieron cuenta de lo pesadas que se habían vuelto sus extremidades. Les dolían por el esfuerzo constante, especialmente cuando nadaban contra corriente. Gradualmente, sin embargo, sus cuerpos se acostumbraron al ejercicio y desarrollaron un ritmo que exigía poco esfuerzo.

Empezaron a reparar en el agua que les rodeaba y en cómo cambiaba de color al cabo del día. Por las mañanas, era clara y azul, y cuando la luz se reflejaba, aparecían destellos de verde esmeralda. Cuando el sol se ponía, mostraba los ricos y cálidos colores del cielo al atardecer. Contemplaron el agua, los peces plateados que nadaban a su lado durante el día, las oscuras sombras que les rozaban desde las profundidades. Advirtieron cómo cambiaba el sonido de las olas cuando chocaban contra sus cuerpos y repararon en los sutiles cambios del tiempo, en cómo la brisa se transformaba en viento para volver de nuevo a brisa. Aprendieron a encontrar comida en el agua, a alimentarse y a utilizar sus cuerpos sin esfuerzo. Desarrollaron un aguzado sentido del olfato que les permitió detectar cambios en el entorno por la fragancia que la brisa transportaba.

Nadaron durante días y semanas sin rastro de tierra a la vista. Un día, vieron el perfil oscuro de la tierra en el horizonte. Continuaron nadando y reconocieron las costas del Japón. Conforme se aproximaban, se volvieron más silenciosos, hasta que, por fin, se miraron y en ese momento lo supieron. Se dieron la vuelta y continuaron nadando mar adentro.

FUENTE: http://www.pnlnet.com/editoriales/a/1538

Mi aprendizaje: En el camino hacia las metas conseguiremos tempestades, lo importante es ver en ellas un sin número de circunstancias positivas como: los valores físicos, espirituales, sociales,  manejo de emociones y  muchas valencias que desarrollan nuestro ser. Por otra parte, al llegar a la meta queremos saborear la belleza de esa batalla y avanzar hacia otra.

¿Cual es tu aprendizaje?

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