Un mal inquilino

Se llama parasitismo a la relación que se establece entre dos especies, ya sean vegetales o animales. En esta relación, se distinguen dos factores biológicos: el parásito y el huésped. El parásito vive a expensas de la otra especie, a la que se le denomina huésped.  El parasitismo intestinal se presenta cuando una especie vive dentro del huésped, en el tracto intestinal. El parásito compite por el consumo de las sustancias alimentarias que ingiere el huésped, o como el caso del anquilostoma, éste se nutre de la sangre del huésped, adhiriéndose a las paredes del intestino. Hoy escribiremos sobre la ameba.

La Entamoeba histolytica, es el parásito conocido como amebas, que produce la enfermedad conocida como amebiasis o disentería. Viven en aguas estancadas, charcos, lagunas y pozos de agua y debajo de las hojas en estado de descomposición.

El grupo más vulnerable y de mayor riesgo de presentar complicaciones es el de los niños entre los 2 y los 14 años de edad. En ellos, los parásitos viven de la comida que ingieren o se alimentan de su sangre, lo cual propicia la aparición de desnutrición, anemia y debilidad general que hace al infante más susceptible de ser afectado por otras enfermedades. Asimismo, puede presentar dificultades para concentrarse lo que conlleva un bajo rendimiento escolar.

Forma de transmisión

Las personas infectadas que no usan la letrina sanitaria, contaminan el suelo con materia fecal, que contiene los huevecillos del parásito. Los huevecillos depositados en el suelo contaminan el agua, las frutas y las verduras. También pueden transmitirse por las moscas o las manos sucias de los manipuladores de alimentos. Cuando las personas toman agua sin hervir, o ingieren alimentos contaminados sin lavar.

Las amebas ingeridas pasan al intestino grueso, donde se desarrollan. En algunos casos la amebiasis puede provocar malestar y diarrea alternada con estreñimiento, también puede causar disentería, es decir diarrea dolorosa con salida de sangre y moco en abundancia

Las amebas pueden entrar en el torrente sanguíneo, introducir infecciones en el hígado, pulmones, el cerebro y salida de úlceras en la cara, también puede producir anemia.

Tratamiento

A pesar de la importancia de la enfermedad como problema de salud pública, se cuenta con un número relativamente reducido de medicamentos para el tratamiento de la disentería y el absceso hepático amibianos. La mayoría de ellos con un margen terapéutico estrecho y con diversos efectos secundarios en el hombre. Además, han aparecido informes de resistencia de E. histolytica a algunos de los fármacos antiamibianos más usuales en la práctica médica. Por ello resulta conveniente la búsqueda permanente de compuestos antiamibianos más eficientes y mejor tolerados por el hombre. Además del tratamiento tradicional, también puedes reforzar el tratamiento con remedios.

Una forma natural es la siguiente: Seleccione unas semillas de lechosa y déjelas secar, guárdelas en un frasco, por una semana, prepare té de orégano y agréguele de 3 a 4 semillitas hasta que se licue bien. Tómelo y vera los resultados. A la ameba no le gusta el ambiente amargo, por lo que el huésped (nuestro intestino) debe crearle un ambiente hostil.

Si sospecha que padece de amebas, recurra al médico, el le recomendará hacerse exámenes y tratamiento específico para su caso.

Medidas generales para prevenir la parasitosis intestinal

  • Lavarse las manos con bastante agua antes de preparar los alimentos o comer y después de ir al servicio sanitario o letrina.
  • Lavar las frutas, los vegetales y verduras que se comen crudas
  • Echar  diariamente la basura al carro recolector, así se evitan los criaderos de moscas, ratas o cucarachas que transmiten enfermedades.
  • En aquellos lugares donde no hay agua potable, hervirla por 10 minutos o ponerle cloro(tres gotas de cloro por cada litro de agua)
  • Usar zapatos para evitar la anquilostomiasis, principalmente.
  • Alimentarse adecuadamente y en forma balanceada
  • Mantener la vivienda, los pisos, las paredes y los alrededores limpios y secos
  • Evitar el contacto de las manos y los pies con el lodo, como la tierra o la arena de aquellos sitios donde se sabe o se sospecha que existe contaminación fecal
  • Evitar ingerir alimentos en ventas callejeras y lugares con deficientes condiciones higiénicas
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